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Noticias Sobre La Danza Aborigen, La Música Colonial, Las Celebraciones Conservadas y la Música Folklórica Actual del Municipio Unda

        En Venezuela generalmente sobre todo en los medios artísticos, existe una tendencia que buscan mezclar la diferenciación entre lo popular y lo folklórico.  En algunas situaciones se han denominado folcloristas a los cantantes populares y a los grupos musicales que actúan en la radio y la televisión, específicamente si se trata de arpa cuatro y maracas.  Antes de iniciar este trabajo de opinión, debe establecerse que un cantante popular es un artista conforme a sus dotes o excelencias, mientras que el folklorista es un investigador laborioso y técnico que busca las costumbres, las tradiciones y las manifestaciones de la sabiduría popular activándolas, para que sea reconocida una expresión musical.  Es conveniente señalar que la música folklórica requiere como mínimo tres condiciones para ser considerada como tal:

·        Debe ser una interpretación y una expresión genuina del pueblo. 

·        Debe ser íntegramente anónima 

·        Y Debe ser tradicional, perdurable y trasmitida de una generación a otra.

    Para hablar de la danza aborigen es necesario remontarse en el caso del Municipio Unda, hasta el año 1545, fecha en que se inician las encomiendas en la región.  Posteriormente en 1549 cuando el español Juan de Villegas exploró la cuenca del Zazaribacoa, la bota del invasor europeo que fue avanzando desde El Tocuyo hasta Chabasquén, en su afán de acorralar los aborígenes Gayones y Ayamanes, fustigó los establecimientos indígenas, no pudiendo evitar que estos conservaran junto con su resistencia, la creencia mágico - religiosa de sus utensilios musicales como la guarura de tapara, las flautas de carrizo, las maracas, instrumentos que según apunta el Profesor Luis Arturo Domínguez (1964) se utilizaban primitivamente en el baile de la Tura.  El aborigen agradecido por los dones de la naturaleza, rendía culto celebrando todos los años dos turas.  Una grande y otra pequeña, en ambas se danzaba y se guarda un semiayuno que era interrumpido al ingerir el carato, especie de bebida hecha con  agua y maíz fermentado.  También bebían chicha y comían lajata (especie de torta de maíz envuelta en hoja de caña). 

 

La palabra tura designa según el ritual varias denominaciones.  Tura es la mazorca de maíz tierno y tura también distingue dos flautas de carrizo que según la creencia de los celebrantes evocan los espíritus elementales que fecundan la tierra, hacen florecer la planta y cuajan el fruto.  A esta flauta se le denomina tura macho y tura hembra.  Los sobrevivientes de Ayamanes y Gayones tienen la convicción de que las cosechas de maíz recolectadas no pueden consumirse, ni venderse sin antes haberlas expuesto en el árbol de la abundancia o palacio, debido a que el éxito de la siembra se le debe a los espíritus que merodean las aguas y viven en las raíces de los vegetales.

 

    Con la incorporación de la cultura española, nuevos instrumentos llegaron en los galeones, el laúd, la guitarrilla española, la guitarra, el arpa y los instrumentos de viento y percusión, fueron mezclándose progresivamente.  No obstante nuestros aborígenes conservaron la esencia de sus instrumentos y el vigor de una cultura que penetrada por el mestizaje africano, dió origen a una serie de manifestaciones populares como el baile de tambores y el tamunangue.  Siendo precisamente el tamunangue la gran manifestación musical que se conserva y ejecuta en el Municipio Unda del Estado Portuguesa, además de la celebración de la fiesta de San Juan el 24 de Junio y los velorios de la Cruz de Mayo que adquiere todo su esplendor el día 3. 

     EL TAMUNANGUE

 En Chabasquén tiene procedencia larense desde tiempos coloniales, entre sus cultores primarios están Roso Reinoso y Manuelito Rodríguez, este último destacado conocedor de la historia oral y de las tradiciones populares de la región, Antonio Sánchez fue otro exponente del  tamunangue larense.  De allí proviene de la celebración de San Antonio de Padua, que involucra la devoción con el pago de una promesa y un velorio que se realiza en la noche del 12 de Junio, se inicia con el rezo de un rosario concluye con algunos cantos del santo homenajeado.  El tamunangue es una fusión de las tres razas que contienen el crisol de la nacionalidad venezolana: los españoles, los aborígenes y la raza negra africana.  Consta de nueve partes: la salve, la batalla, la bella, el chichivamos, la juruminga, la perendenga, el poco a poco, el galerón y el seis figuriado.  En las casas particulares se monta el altar de San Antonio el cual consiste en una mesita con la imagen del santo o un cuadro de éste,  se adornada con flores naturales y velas prendidas.  Sobre el retablo se depositan las varas que usan los hombres y las mujeres en la danza, también los garrotes para la batalla.  El Conjunto está formado por un cuatrista, un tocador de cinco o requinto, un tamborero, un tocador de palos y el maraquero, las canciones son entonadas por los mismos músicos que alternan con un solista y el coro.

     Hablar musicalmente del Municipio Unda, es expresar la mixtura de las distintas manifestaciones populares que conviven en un escenario que es frontera entre Portuguesa, Lara y Trujillo.  Por los años cincuenta y hasta mediados de los setenta, Don Miguel Ángel García y su conjunto Cuerdas del Paraíso, ejecutaban valses, pasodobles, merengues criollos y bambucos, con cálido acento larense, los instrumentos predominantes eran bandolina, guitarra, cuatro, maracas y marimba.  Sus integrantes fueron músicos locales entre los que cabe destacar la presencia de: Nabor Rivero, Gregorio Alvares, Benitico Valero, Quintín García, Guillermito Pérez “Cachilapo”, Ladislao Orellana y Mario Montaña. 

     Algunos conjuntos provenientes de los caseríos como el caso de La Pica donde Don Luis García y los hermanos Pérez, mantenían la tradición de los velorios y las parrandas de reyes magos, con su conjunto de cuerdas, tocaron también el tamunangue que se constituyó en parte de la gama musical.  Posteriormente a partir de 1960, jóvenes músicos liderizados por Rosario Escalona y Mario Montaña, configuraban un interesante dueto de guitarra española y cuatro, ejecutando con maestría la música romántica de Los Panchos, el trío San Juan y otros paradigmas musicales de ese tiempo.  Fue Rosario Escalona el primer chabasquenense que introdujo el arpa, la cual ejecutó magistralmente y hoy, en Barquisimeto sus hijos larenses “Los hermanos Escalona (Otoniel, Orlando y Oswaldo)”, representan una prolongación de este extraordinario artista. 

     Chabasquén tuvo en Benito Valero hijo, el virtuosísimo en la interpretación magistral del cuatro, instrumento que junto a Benitico, como le llamaba el soberano, conquistó la admiración en cada periodo de vacaciones, cuando las personalidades venidas de otros lares vecinos, se extasiaban con las interpretaciones, con el humor y la chispa criolla que Benitico irradiaba con versatilidad y maestría.  Digno de mencionar fue el tiempo de las serenatas madrugadoras que en las voces de los cantores populares, desgranaban el amor entre los balcones de la muchacha prentendida.  Gerardo Falcón y su voz de tenor hacían vibrar las noches, junto con Benito, Waldo Ramos, el pelón de armoniosa voz y timbre sonoro. En las gratas visitas vacacionales de Eric Mendoza y su hermano Rubén, la melodía volvía al embrujo del amor, porque esta era una jornada de serenata plena.  Posteriormente junto con Ali Rodríguez, Arévalo Soto, Yogny Mendoza, Pedro Hernández y Luis Cañizalez (estos dos últimos, vecinos de Campo Elías) la serenata volvió por sus fueros y la música venezolana de género romántico vibró junto al cuatro serenatero. 

El cuatro es alma de cedro

es corazón, es canción 

y afina sus cuatro cuerdas

al son de cambur pintón

J.M.

     En la actualidad la música criolla de arpa cuatro y maracas ha destacado maravillosamente, son muchos los grupos musicales nacidos bajo el cielo del Municipio Unda, los festivales de la voz liceista que se efectuaron ininterrumpidamente en la UE.N. “Ramón Parejo Gómez” de Chabasquén, gestaron la pléyade inmensa que hoy con orgullo enaltece el gentilicio chabasquenense, voces magistrales como la de Yogny Mendoza, ganador de muchos festivales y voz nacional del Movimiento Cooperativista, Marisol Rojas la reina de la canción chabasquenense, ganadora de innumerables eventos donde su dulce melodía envolvió con  una especie de magia acústica.  Sus hermanos  Francisco y Freddy, músico y cantante el primero de ellos, además compositor de la música para el Himno del Municipio.  Destacado arpista el menor de los hermanos Freddy Rojas. 

     Tomás Pérez junto con Dario Rodríguez, Anselmo Pérez y Agustín Pérez, constituyen una referencia donde la música criolla y el sabor la ranchera mexicana, tienen una mezcla de excelente ejecución y calidad.   Las nuevas generaciones tienen en Francisco Rojas el gran exponente, considerado por los folcloristas nacionales entre los grandes ejecutores del arpa criolla, ha recorrido junto con Reina Lucero los escenarios de Venezuela, Colombia y Cuba, además es un excelente cantante de voz lírica y acoplado ritmo.  Otros jóvenes destacados son los integrantes del conjunto Policromías Venezolanas: Darling Pérez “El Mechas”, Humberto Jiménez, José Gregorio Medina, Sigler Quevedo y Argenis Mendoza, son la serenata permanente, actividad que gracias a ellos, todavía trasnocha, las hermosas mujeres del Chabasquén actual, están en vías de producir su primera grabación.  Digno es el aporte de Ediel Escalona, residenciado actualmente en Biscucuy, nacido en San Rafael de Córdoba e iniciado artísticamente desde los festivales de la voz liceísta Chabasquenense, este joven valor apunta como una promesa del canto nacional, con dos discos grabados (CD).  Chabasquén siempre ha tenido la armoniosa voz de una mujer para endulzarnos las horas de infinita ternura, voces como Francelis Dun Torrealba, ganadora de la voz liceista, de la voz magisterial y representante de Portuguesa en el festival de la U.P.E.L., son un orgullo.  La cálida voz de Nancy Olivar, hoy flamante abogada de la república es otra remembranza hermosa.  Actualmente, Crismar Yánez, irrumpe en el canto como una promesa estelar con su dulce melodía y una voz cálida, que junto a su hermosa presencia hace vibrar los escenarios del país.   

     Los niños de Chabasquén han elevado el canto nacional a esferas de alta jerarquía, el pequeñito Juan Sebastián Mendoza, ganó en el año 1999 el festival nacional de la voz primaria rural infantil en La Azulita, representando a Portuguesa.  Frhaymar Rojas representando a Portuguesa, en Valle de la Pascua, logró un tercer lugar a nivel nacional.  Son tantas las satisfacciones que han generado los hijos de Chabasquén, que cada día crece la expectativa para los nuevos retos en los distintos escenarios, donde el canto y la música de arpa cuatro y maracas son soberanos del Folklore Nacional.    

 “La constancia es el estandarte de los que tienen fe”

J.M.

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